06 julio 2005

El misterio de un pedo silencioso

Imagínate que llegas a un lugar o habitación y estás a solas. Tú piensas que nadie llegará pues según la hora o circunstancias se supone que nadie arribará en donde estás. De pronto, sientes un impetuoso impulso de contagiar el ambiente con parte de tu esencia interior, o sea, te quieres echar uno. Un razonamiento primitivo es "no hay nadie, a mí no me huelen, inguesú..." y ¡zaz! lo sueltas gozosamente. Pero lo que no te esperabas es que en el momento más apestoso del pedo, en el momento cumbre de su potencia olfativa, súbitamente alguien llega. O es demasiada mala suerte para ambos o el olor atrae a los desafortunados. Y digo desafortunado porque el que está a punto de olerlo no tiene la culpa, el que se lo aventó mentalmente crea más tolerancia olorosa porque "es de él". ¿Qué haces en esa situación? ¿Cómo reacciones si tú te lo echaste o si tú acabas de llegar?

El pedorro tímido y no entrenado podría pensar "ay no!, vete, vete!", "por Dios, esto no está pasando, esto no está pasando", o "¿cómo le digo que no le conviene acercarse?". El pedorro descarado y experimentado por su parte podría pensar e incluso decir "jajaja!, alguien más se lo tragará", o "nadie te pidió que vinieras, es tu problema". Por otro lado, el incauto y tímido receptor del gas podría pensar "estoy seguro que tú fuiste pero disimularé y me iré discretamente con un pretexto tonto". Contrariamente está quien te dice abiertamente que eres un cerdo y se va inmediatamente botándose ambos de la risa.

No sé los demás, pero en ocasiones yo sí disfruto aventarme un buen pedito, pues al liberar gases (que buscan su salida natural) se libera la sensación dolorsa en el área abdominal que puede provocar mantenerlos ahí atrapados dentro de uno. Está bien que dicen que es malo aguantárselos, pero tampoco abusen. También dicen que uno es lo que come, muy cierto, pero tampoco si comes rosas te van a oler a rosas, ¿o sí?

Hace rato regresé a la oficina después de haber comido y de haber ido a pagar el teléfono de la casa (que cortaron ayer) y olía a pedo. Ese olor tan característico del que nadie se quiere hacer responsable y del que todo el mundo hemos olido alguna vez (aunque sean los propios). Definitivamente fue un pedo de esos que no te hacen sentir orgulloso y que hacen pensar que alguien se está pudriendo por dentro. No sé si alguien se aventó un buen pedito, creyendo ilusamente que no olería o si de plano hay algún problema con el drenaje o el aire acondicionado, no sé, podrán decir misa pero para mí es un señor pedo.

Conozco a sólo una persona en el mundo que dice que NUNCA se ha echado un pedo o un eructo. ¿Pues cómo le hace? Eventualmente es algo que sucederá y es algo inherente y natural al cuerpo humano. Claro que hay otros que lo usan de pretexto y hasta pronuncian su nombre ercutando (con todo y apellidos), o te piden que les "jales un dedo" para después liberar su alma. Otros te dicen que subas la ventanilla porque van a poner el clima del coche pero en realidad es una trampa tóxica. En fin, así hay muchos casos. Hasta mi gata Polly se echa de vez en cuando sus buenos gases silenciosos, ya la he detectado y por eso no la dejo meterse a mi cuarto muy seguido, por protección propia.

6 comentarios:

niza dijo...

jajajajajajajajajajajajajajaja esta genial tu texto...

oye te molesta si pongo un link en mi blog del tuyo? para leerlo mas directamente =)

saludos

Lilo dijo...

No maaaa... casi me sacas uno de la risa [que fina!]. Me hizo recordar un capitulo de South Park: 'Combustion Instantanea'.

aldoara dijo...

niza: Claro que sí, es un honor :)

lilo: Muy buen capítulo, jajaja, por cierto, por qué no me habías dicho que ya tienes blog? :S

Lilo dijo...

Si te dijeeeee :'(
Bueno, tal vez no me leiste, pero te lo comente en uno de tus post, por alla de mayo, donde mencionabas a Elvis Presley :P

Visitame en http://larfuk.blogspot.com

marispy dijo...

yo conocí a alguien que ya tenía apestado el cuerto de por vida... a pedo y a eructo!!!! >)

Jerry dijo...

Se llama "Ley de Murphy"

Excelente post