16 febrero 2004

Descubierta

Inventaré algo.

La primera vez sólo fue por el sexo. Llegué en mi carro y te pregunté cuánto cobrabas, abrí la puerta y te metiste sin decir nada. Durante el camino no dijimos nada, estuvimos en silencio todo el tiempo incluso al momento de hacerlo. En realidad no había por qué hablar, ambos nos utilizamos, tú por el dinero y yo por el sexo. Fue una noche sumamente apasionada.

La segunda vez volví a pasar en mi auto y al acercarme a donde normalmente estabas, apareciste con tu vestido negro entallado y te acercaste a mi ventana. Me pregutaste si quería estar contigo de nuevo. No dije nada y abrí la puerta del coche. Esa vez nos dirigimos a mi departamento. Nuevamente lo hicimos sin cruzar palabras, pero creo que no dejamos dormir a todos los vecinos con nuestros gritos y gemidos. Esa vez no me cobraste y te quedaste dormida en mi cama hasta la mañana siguiente.

La tercera vez por fin supe tu nombre. Por fin te escuché decir algo más que una frase. Recuerdo que esa vez nos vimos en una situación completamente distinta. Era un domingo y llegué tarde a la misa del padre Jaime, siempre me han gustado sus sermones. Al no encontrar lugar me fui a las bancas del coro. Ahí estabas tú, cantando con una dulce voz que se metía por mi piel. Tú no me habías visto. Al terminar el canto nos sentamos y te observaba fijamente desde la banca de atrás. Al poco rato volteaste sin motivo, como sintiendo mi mirada en tu cuello. Ruborizaste y volviste la mirada al padre inmediatamente. Al momento de comulgar, esperé a que te fueras a la fila para ponerme detrás de tí. Pude notarte ansiosa, nerviosa, un tanto molesta al pensar que te había estado espiando o acechando. También pude verte incómoda pues había descubierto a la niña que me habías ocultado.

Terminó la misa. Tú enrollabas los cables del micrófono rápidamente y doblabas el atril de las letras para emprender tu huída. Mientras tanto, yo seguía sentado en mi lugar observándote. Una de tus amigas te llamó por tu nombre, "María" te dijo y tú le contestaste algo que no pude oir. No quise acercarme así que sin decirte nada me levanté de mi asiento y me fui.